
En ese instante el agua desaparece, y en su lugar emerge un paisaje de cemento. La bella sirena detiene su respiración en seco y pasa a ser una escultura de roca. Teodosio, paralizado ante ese horrible espectáculo, ve cómo el hada se le acerca. Ella, enfurecida por la desobediencia de él, le envía de vuelta a la otra ruta.