
Desde que Teodosio se ha marchado a la guerra, Constanza no puede dormir por las noches. Estar sola en la habitación más grande de todo el palacio le asusta y el más pequeño ruido del aleteo de una mosca se convierte en una desapacible pesadilla. Pasan tres noches y Constanza no duda en ofrecer a sus suegros que se queden con la habitación señorial hasta que llegue Teodosio; ella, de mientras, se traslada a una más pequeña y acogedora.